sábado, 24 de abril de 2010

Odisea 1. El mar de acero y el recuerdo del tiempo anterior


Partimos del puerto menorquín de Mahón tras varios días encerrados por el Mistral, que azotaba con fuerza. Zarpamos en cuanto vimos la primera ocasión, con unos 20 nudos y una incómoda marejada de popa que sonaba como una pastilla efervescente cada vez que el barco aceleraba montado en la cresta de una ola. 250 millas para arribar a nuestro primer destino: la isla de la Galite, Túnez.
En el entremientras, el primer atardecer nos sorprendió con su luz mortecina y con el mar de un imponente gris acero. La bruma disipó cualquier posibilidad de ver una puesta en condiciones y, aún así, lo recuerdo como uno de los ocasos más bonitos y con mayor personalidad que he vivido. Probablemente porque fue el primero en tierra de nadie, en mitad del vacío absoluto del mar abierto. Porque sólo estábamos el barco, la tripulación y el mar como testigos. Porque Eolo nos susurraba que no perdieramos detalle de aquella superficie de color metálico que Él manejaba a su antojo.
El siguiente atardecer nos cogió llegando a La Galite. Es una pequeña isla, situada a media jornada de la costa tunecina, que ha servido como refugio de temporales a varias civilizaciones con intereses en el Estrecho de Gibraltar y el Mediterraneo Occidental. Hicimos la arribada casi a ciegas. La luna se vengó de nuestro amor al sol y nos abandonó frente a una isla sin más luces que las de algunos de los barcos de sus pescadores. Y las estrellas, aunque voluntariosas, no dejaban ver más allá de una confusa mole negra bajo un manto del mismo color. ¡Bendito GPS!
El fondeo fue un trabajo de intuición, finura en los mandos y memoria. "Frente a la escuela", repetía Paco, que ya una vez recaló en aquella cala, "hay que largar el ancla frente a la escuela". En el barco solíamos aplicar una máxima anglosajona: you've done it once, you're an expert (por esta misma regla práctica me convertí en el limpiador oficial de atunes). Total, que le hicimos caso a Paco. La pregunta del millón: ¿cómo encontrar la escuelita de marras en una noche negra como el tizón? Mientras mi tío iba sorteando hábil y suavemente el resto de embarcaciones, me coloqué a proa con el foco de mano. A base de flashes, con la inestimable guía de Paco, localizamos los restos de un edificio que sin duda había disfrutado de mejor vida.
-¡Cuatro metros de fondo!
-Paco, ¿es esa?
-No lo sé, mañana te lo digo
-¡Larga!
Durmimos como benditos aquella noche, rendidos por la travesía y la tensión de la maniobra. El mar en la rada era un plato, y el viento un vago recuerdo. A las seis de la mañana estábamos todos en pie, disfrutando de la imagen que se nos había negado la noche anterior. Una maravillosa islita verde, abandonada por todos menos por unos pocos pescadores y un pequeño destacamento militar tunecino, en donde la escuelita que se mostraba ante nuestras narices hacía años que no escuchaba el jaleo propio de los niños.

martes, 20 de abril de 2010

Maneras de enfrentarse a la vida 4: dolce fare niente


-El tiempo lo borra todo. Las historias se difuminan entre los retales de los años, y los cambios no llevan si no a perder lo que queda atrás.
-¿En serio?
-No.
-Y, entonces... ¿por qué dices eso?
-Queda bonito.
-¡Ah! Ya te entiendo...
-¿Si?
-No.
-¿Entonces?
-Déjalo.
-¡Déjalo tú, no te fastidia!
-¿Y si lo dejamos los dos?
-Bien.
-De acuerdo.

[...]

-Por cierto...
-¿Sí?
-¿Qué era eso que decías del tiempo?

jueves, 9 de octubre de 2008

¡Ah del barco!

Los castillos se construían en alto. ¿Ventajas? Dos. Por un lado, controlaban más leguas a vista de catalejo (si lo había). Por otro, a ver quien era el guapo que subía hasta arriba y todavía le quedaban fuerzas para conquistar siquiera dos palmos de tierra.
Ahora los castillos se construyen en los valles. Son pequeños refugios en nuestra mente para recoger cuanto más mejor. Ya no está prohibida la entrada. A cambio, animamos a los extraños a que entren en nuestros salones para que nos cuenten. La condición: ellos si quieren salen, pero el conocimiento se queda dentro. ¿Hay quien sigue construyendo los castillos en alto? Por supuesto, pero ya no es norma. El que se quede en la cima verá como los visitantes pasan de largo, en busca de moradas más acogedoras.
Otros, sin embargo, son más originales aún. ¿Para qué quedarse en palacio o ir a visitar otros cuando pueden llevarse la fortaleza a cuestas? En la ría del Guadalquivir el Javier, castillo, surca las aguas con su señor a bordo.

martes, 7 de octubre de 2008

¿Tempus fugit?

Pregunta del millón: ¿es el principio o un final? Al que diga principio, lo siento mucho: esta imagen representa el final de un día. Para el que diga final, bien visto. Pero también se equivoca: esta foto simboliza un principio, el de la noche. Por cierto, aquella fue bastante fresca, por no decir fría.
Entonces, hemos quedado que el sol se estaba poniendo. Craso error. Estaba siendo expulsado por la luna, que llevaba ya un buen rato asomada exigiendo que el astro anaranjado se fuera de turismo o a dormir, que lo mismo le daba. Quedaría precioso decir que aquella luna era llena, aunque había dejado de serlo un par de días antes.
Bueno, a lo que quería llegar con la foto es a que el tiempo no existe. Me explico: podría haberme pasado horas mirando aquello y me habría parecido un segundo. De hecho, pasé sólo unos segundos mirando aquello y me parecieron horas para guardar como un tesoro.
Pero cómo le dije una vez a la luna, ni el sol me va a esperar a mi ni yo voy a quedarme sentado esperando a que venga. Más que nada porque, como él y yo sabemos, nuestro amigo común Horizonte siempre se interpondrá entre nosotros. Me consuela saber que cuando se le pase el cabreo nos iremos los tres de cañas

lunes, 5 de mayo de 2008

Para un tal Poseidón

Tanto me he acostumbrado a mares y oceanos que me resulta raro poner los pies en la tierra. Se mueve el suelo. O quizá es que me he acostumbrado tanto al movimiento de las olas que mi cabeza lo necesita para estar quieta, para sentirse bien. No sé.
Dame sedal y anzuelo y puedo hasta con márlines. Pero soy incapaz de manejar la lanza: se me ha olvidado cómo cazar. Y no sé qué frutos son venenosos y cuáles no. Nunca lo supe.
Pero ¿sabes qué? Me da igual. Estoy en la playa. Y no añoro el mar. Dos palmeras es lo único que necesito, para colgar mi hamaca.
Deséame suerte.
Un abrazo,

Toño

martes, 29 de abril de 2008

Cambios recientes

El otro día nos juntamos unos cuantos niños de entre veintidós y treintaipico años, todos objetivo en mano, todos con el objetivo de pasar un buen día. ¿La excusa?, el rally fotográfico de Zarauz. El resultado: chocolate con churros, acidez de estómago y buena conversación. Las fotos casi fueron lo de menos (y eso que las hubo, muchas y buenas).
¿Lo más llamativo?, cómo cambian los tiempos. Y gran parte de la culpa la tiene la "world wide" red. Fue la causante de que se juntaran algunos de los miembros del foro de minoltaspain (usuarios de Minolta y Sony).
Su relación estaba basada en la web y, aún así, parecía que llevaran viéndose desde que pusieron un pie fuera de la cuna. Uno de ellos me explicaba después que, tras tantos posts, tantos temas tratados y tantas bromas, bromitas y puñaladas, sabía por dónde iba a salir cada uno de ellos. Confianza y costumbre para teclados y pantallas.
Contra todo pronóstico, la red de redes está reformando adultos. Puede llegar a devolver la confianza, la ingenuidad y el pensar positivamente de los niños: siempre que no haya quien se aproveche de ello. Sería una lástima romper esa magia.
Como ya dije en algún otro post, sería bonito recuperar ese mirar de los mocosos, siempre sonrisa en boca. Lo que también me hace recordar que tengo mucho que agradecer ciertas sonrisas.

sábado, 26 de abril de 2008

Where the streets have no name

Donde las calles ya no tienen ni nombre recorro los pasadizos de mi cabeza intentando encontrar la salida. O la entrada, cualquiera me vale. Mientras tanto, descanso en una esquina del laberinto pensando lo que fue, lo que es y lo que será.
Dónde las calles ya no arrojan sombra busco un refugio que me de fuerzas para atacar de nuevo, para ser lo que era hace dos manzanas.
Donde las calles se cruzan busco la rosa de los vientos, de la que dependen los destinos de los que no creemos en autopistas y soluciones únicas.
Donde las calles mueren yo renazco, una vez más.
Donde las calles no tienen nombre escribo uno en sangre sobre la piedra: Fénix

miércoles, 23 de abril de 2008

No podré darte la espalda

Maldita memoria. ¿Por malas pasadas? Me ha hecho un par en los últimos días, pero no. Es por las buenas pasadas. ¿Y eso? Dos años después he vuelto a tener una guitarra eléctrica entre las manos. Y no cualquiera: la primera que toqué. Antes de que lo digais, sí, soy un maldito melancólico. Y orgulloso de ello.
Y como buen melancólico, he pasado cinco minutos admirando la guitarra. Y como buen melancólico, recordaba historias de mejores tiempos (musicalmente hablando). Y como gran melancólico, contaba alguna de esas historias. Recordaba la mayoría con pelos y señales. Y disfrutaba viviéndolas de nuevo.
Entonces, ¿dónde está el problema? En que soy tan jodidamente melancólico que al final he tocado la décima parte de lo que hubiera querido. En que mi cabeza viaja por un camino por el que ya he perdido la esperanza de pasar noches en silencio.

domingo, 20 de abril de 2008

Maneras de enfrentarse a la vida 3


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.............................................................perdona, ¿qué decías?

jueves, 17 de abril de 2008

Maneras de enfrentarse a la vida 2


Salto y a la ducha. Cuchilla, cepillo y bote de spray. Uno, dos, tres y saliendo del cuarto. Vitaminas y café en vena. Café en vena y bizcocho con café. ¡Que no! No queda tiempo para tonterías. Coche y atasco. ¡Que les den! Rotonda, variante y ganas de correr. Que hoy no espero ni a mi sombra. ¿Respirar? No hay tiempo, ¿para qué? Llegar y gritar, para mis adentros. Uno, dos, tres y al tajo. ¿Que falta qué? Ya está hecho. ¿Y lo tuyo? Ah, vale, como siempre. ¡YA ESTÁS TARDANDO! Carrera, café y tajo. Tajo, tajo y tajo. Salto y al coche. Variante y ganas de correr. Atasco. Rotonda. Ganas de gritar. Grito. Salto y a casa. Hola, ¿qué tal? Comida (engullida). Salto y al coche. Desesperación y rotonda. ¿O era al revés? Da igual. Variante y correr. Salto y más salto. Tajo, tajo, tajo, café, tajo, y salto a la rotonda por encima de la variante. Casa. Relax. Dormir. Salto y a la ducha...

miércoles, 9 de enero de 2008

Maneras de enfrentarse a la vida 1


¡Levántese, soldado!
Mire, es que hoy no es mi día. Me he levantado con el pie izquierdo (casi diría de bruces) y estoy de que no.
¡Levántese, soldado!
Buff... Sargento, le digo que hoy no es mi día... Sólo he dormido dos horas y la cabeza no me responde. Además, se me ha terminado el ibuprofeno. Y la aspirina, a estas alturas, ya no me hace nada
¡Levántese, soldado!
Mire, para que me voy a levantar si no vamos a hacer nada en todo el día. ¿Qué más le dará? Total, para pasar el día viéndolas pasar,.... Ya le he dicho, hoy no es mi día.
¡Levántese, soldado!
¿Usted no se ha levantado nunca de mala gana? Déjeme dormir un poco más, sólo doce o trece horas más...
¡Levántese, soldado!
Pero es que...
¡¡¡HE DICHO QUE SE LEVANTE, SOLDADO!!!
Tampoco hace falta gritar, señor. No se preocupe, cinco minutitos más y estoy en pie.

viernes, 28 de septiembre de 2007

Con el pie izquierdo



Un día cualquiera, como cualquier otro supongo, mirando al vacío. Un día en el que la impotencia se apodera de todo y no queda sino mirar hacia delante, porque el presente atenaza un poco más si cabe que de costumbre. Una mañana en la que da igual si el sol luce o se esconde. El momento en el que añoramos la luna, fría y distante, pero tranquila, sobre todo tranquila. Un día para olvidar, o por lo menos para no recordar a menudo.
Como alguna vez me dijeron, no todo son caminos de rosas. ¿Qué se le va a hacer? Pero hasta el espino tiene un lado original, una nueva perspectiva que nadie ha descubierto todavía, y que está esperando que llames a su puerta. LLamar o no, es ya cuestión de cada cual. Aun así, hoy he decidido cerrar todas las ventanas, por lo menos hasta mañana que, como también dicen, será otro día. Hoy no tengo ganas de levantarme, ni de pelear. ¿Para qué? Entre otras cosas para encontrar un buen final para este texto, que se me resiste como gato panza arriba. Hoy tocará rendirse, vuelvo a suponer, o dejar que las letras sigan como lo hacen los minutos, las horas y los días. Otro día habrá más y, sobre todo, mejor.

sábado, 21 de julio de 2007

A lo que voy


La Gaceta cumple años. ¡Ah!, no, que no era eso. Bueno, da igual, la cuestión es que celebrábamos un aniversario, pero no consigo acordarme del porqué. ¿Importa? Supongo... Pero lo que sí interesa es que estábamos un día más, como cualquier otro día, dispuestos a seguir adelante. Y es que es la única manera. ¿Que te va bien?, disfrútalo, que para eso está. ¿Que vienen mal dadas? Ya vendrán mejores: si no mañana, a la de dos días; si no a la de tres, a la de semana y media. Para comprobarlo, no hay más que leer un periódico. Unas veces las alegrías vienen en Nacional, y las desgracias en Internacional. Pero al día siguiente puede ser al revés. O incluso, por qué no, lo bueno puede salir de Mercados (iba a decir también Deportes, pero luego me echan la bronca...).
Sí que puede haber temas que nos ronden por la cabeza durante mucho tiempo (para eso están los especiales y los reportajes de largo recorrido) pero, en general, lo que nos levanta el ánimo o nos hunde suele estar en el corto y medio plazo. ¿Bueno? Creo que no, igual que creo que es más importante saber de Historia que de motociclismo. Pero todos tenemos algo de ese mundo que vive entre ayer, hoy y el próximo fin de semana. Naturaleza humana, supongo.

Bueno, a lo que iba, que ya me he ido: felicidades Miki

jueves, 12 de julio de 2007

Un cuento


Érase un barquero, que como todo barquero era viejo, y como barquero, perro viejo. Érase un perro viejo que recorría su puerto mirando al suelo. Por el día caminaba sin rumbo, entre cábalas y recuerdos. No se paraba con nadie, salvo alguna vez con el viento.
Todos los mediodías, cuando el pueblo dormía, se sentaba en un banco de la plaza a tallar figuras de madera con una cuchilla oxidada. Siempre empezaba un barco, jamás acabó alguno. Luego, desaparecía hasta la hora de cenar y, cuando pocos podían verle, zarpaba con su vieja barca. Siempre volvía una hora antes de que saliera el sol.
Una tarde un joven se le acercó en la plaza. "¿Puedo hacer algo por usted?" preguntó el zagal. "No hijo, no. Estoy bien". Fuese por cabezonería, o guiado por su buen corazón, el chaval empezó a repetir el mismo gesto cada día. No cambiaba mucho, siempre obtenía la misma respuesta. Tras dos semanas, en una tarde especialmente calurosa, el joven llegó junto al viejo y se detuvo. No dijo nada, ¿para qué? Esperó y, al ver que el viejo no se movía, se dió la vuelta. "Oye zagal" espetó el barquero, "hoy si puedes hacer algo por mí. Coge ese odre y llenalo de agua". Al principio dudó, pero luego se volvió hacia el viejo, con una sonrisa en la boca, cogió el odre y fue a la fuente. Aquel día no hablaron mucho pero, con cada odre de agua en los posteriores, la lengua del mayor se fue soltando y el oído del pequeño abriendo. De ahí que el jovencito conociera la historia del anciano marino, y de ahí que se enterara de que, poco a poco, el otro estaba perdiendo la vista. Empezó cinco años antes y, de un tiempo a esta parte, el pobre hombre ya sólo distinguía luces y bultos. "¿Y por qué sale a navegar?", preguntó. "Mira zagal, por la noche, en tierra ,todos los gatos son pardos y, en la mar, todas las luces sueños".


Por que todos encontréis vuestros faros

lunes, 9 de julio de 2007

Mi aliado


Vértigo. Esa sensación de no llegar, o de que todo llegará demasiado rápido. Ese sentimiento contradictorio, que nos lleva a desandar lo caminado, hacia el lado contrario de nuestro objetivo, guiados por el miedo más visceral. Vértigo, eso que sólo desconocen los muy cuerdos y los rematadamente locos. Vértigo, vértice en el que se apoya nuestro instinto de supervivencia, a veces tan absurdo, a veces tan real, a veces tan nimio y otras superlativo, salvaje. Vértigo, ese sueño que una vez nos despertó y nos devolvió a la realidad, esa en la que las alturas son caídas y los largos viajes un largo camino para regresar. Vértigo, arma de doble filo, que corta por uno y sierra por el otro. Ese compañero de viaje que, como la voz de la conciencia, cuida de nosotros cuando nos olvidamos de lo que somos. Vértigo, cruel amigo. Vértigo, mi aliado.

martes, 22 de mayo de 2007

Oda


Es timida y reservada. Que quieren que les diga, no le gusta salir en las fotos. Prefiere mirar desde el otro lado, observar lo que hacen los demás y guardar algunos momentos especiales en su memoria. Ella es así.
Pero el otro día tuvimos una conversación al respecto. Le explique que, después de tantos años (aunque yo le conozca desde hace más bien poco), bien podría hacer una excepción. Y más ahora que, con la llegada una inquilina joven y eficiente, le ha tocado dedicarse en exclusiva a proyectos especiales, más concretos. Echará de menos el trajín del día a día, eso lo sé. Igual que yo echaré en falta algunas cosas de su manera de trabajar. Pero son nuevos tiempos, son tiempos caros. Y todos tenemos que adaptarnos. Que remedio.
La cuestión es que le convencí. Y aquí está, sosegada como siempre, mirando al objetivo impasible y estática. En su cara se refleja el brillo de la nostalgia, la añoranza de tiempos en los que todo pasaba por sus manos. Pero confía en continuar al pie del cañon. ¿Por qué? Porque sigue siendo la mejor. La Vieja Dama que, como la hormiga, sabe que es lenta, pero minuciosa y exacta. La vieja Dama.

lunes, 14 de mayo de 2007

Agua de borrajas


No me mires con esos ojitos, que no sabría decirte que no. No me mires con esos ojos, que me creeré que no has sido tú. No me mires así, que me derrito. No me mires, que no sabría en que pensaba.
Es una experiencia curiosa tener que abroncar a alguien y recibir como respuesta una cara de lástima. No es agradable. Sabemos qué tenemos que decir y, sobre todo, sabemos cómo. Pero la voz que comenzó siendo enérgica va perdiendo fuerza hasta convertirse en un hilillo que no convencería ni de que el fuego quema. Y en eso de derretir a una estatua hay gente con un don especial. Son capaces de desmontar cualquier buen argumento con tres gracias, o una carita convenientemente apenada. Lo peor es que si la reprimenda se pierde entre tanta vegetación queda una sensación de impotencia. Sabía qué quería decir y, sobre todo, sabía cómo. Pero creo que me han ganado. Otra vez.

jueves, 19 de abril de 2007

¿Te apuntas?


Momento de evasión. El resto no existimos. Sólo los apuntes que tiene sobre sus rodillas. Con un cigarro en una mano y pasando hojas con la otra, lee sin importarle ni el bien ni el mal. Se nota que se acerca junio. Se nota que empiezan las prisas. Y con ellas las cosas sin hacer. ¿No habíamos quedado a tomar un café? No, es que me he quedado terminando tal, y ahora tengo que irme a nosedonde. No se por qué, pero me lo temía.
A unos más que a otros, eso si, pero a todos nos ha pasado. ¿Quien no ha llegado alguna vez cuando el compañero ya llevaba café y medio? ¿Quién no ha tenido que llamar para retrasar una reunión? ¿Quién no ha cancelado una cita? No diré nadie, por aquello de las excepciones. Como con los encuentros, también ocurre con las actividades. Las vamos dejando pasar. Las dejamos de lado pensando "ya lo haré mañana". ¿Y entonces? Al día siguiente surgen otras cosas. Lo que era un mañana se convierte en un pasadomañana, y lo que era un pasado en un al otro. Y así pasa el tiempo, hasta que nos decidimos, por ejemplo, a volver a publicar en un blog. Todos los días aparecen nuevas tareas, que convierten un hoy en el mejor mañana.


Por cierto, gracias Cinta. Y a ver cuando me mandas alguno de esos poemas.

miércoles, 21 de febrero de 2007

La foto inacabada


Lo cierto es que la cámara le pilló por sorpresa. Para cuando atendió a mi llamada y se dió la vuelta ya era demasiado tarde. Otra foto más para la colección, pensé. Ella sin embargo no lo veía así. "Avisa cuando vayas a sacarme", decía. ¿Y qué gano con eso?
La vida está llena de posados. ¿Qué pasa en el mundo para que reneguemos de nuestra parte más natural? Ni lo se, ni creo que deba saberlo. Pero como ya dije en otra entrada, me gustan los detalles. Y de esos hay de sobra cuando surge algo inesperado. Porque nuestro cuerpo comunica, unas veces lo que queremos y otras incluso lo contrario. Depende de cada cual y cada momento.
Tenía pensado describir en profundidad a Anita (después de unas cuantas fotos ya iba siendo hora de presentarla) y servirme del resultado para contar lo que me inspira la foto. Cierto que algo ya he dicho, pero me hubiese sentido incapaz de contar menos. En honor a Alvaro Lujambio, y su comentario en "El niño en las estrellas" (entrada anterior), hoy me quedaré aquí.

jueves, 15 de febrero de 2007

El niño en las estrellas


Juego de luces. ¿Una autopista? Hacia los sueños. ¿Simples garabatos? Puede. ¿Una obra de arte? No. ¿Una casualidad? En parte. En definitiva un ensayo, un boceto.
¿Qué sentido tiene? Poco, supongo, visto tal cual. Ni siquiera se aprecia qué es. Y aun así estoy satisfecho. Cuando calibré la cámara no quería otra cosa que eso: lineas de luz intensa en medio de la oscuridad. Figuras creadas con realidades más pequeñas. Dibujos de luz.
Cualquiera que sepa de fotografía hubiera vaticinado cómo iba a terminar mi experimento. Pero yo sólo conocía la teoría, y necesitaba ponerlo en práctica, y ver el resultado. Pertenezco a ese grupo de gente que no se acaba de fiar de la teoría, salvo que ésta sea de lógica aplastante o lo haya comprobado.
Pero hace tiempo descubrí que a veces merece la pena quedarse con la duda. No en asuntos banales, como éste, que incluso sirven para aprender, pero si en todo aquello que me vaya a generar cargo de conciencia. La moral de cada uno, su salud, o sus allegados, son razones suficientemente importantes como para sustituir a la experiencia. Porque si se opta por seguir la ley del todo vale se termina por normalizar las acciones, por banalizarlas. Y cuando esto pasa es muy dificil volver atrás.
La ingenuidad da valor a muchas cosas. Por ejemplo, jamás podré volver a mirar al cielo con mi objetivo preguntándome si puedo dibujar con las estrellas. Por suerte es un asunto irrelevante. Pero también me ha ocurrido en asuntos de importancia, y en parte añoro mirarlos con ojos de niño.

viernes, 24 de noviembre de 2006

Problemas con la mudanza


Lo cierto es que cuando me contaban las ventajas de la nueva casa estaba entusiasmado. Y más aun cuando la vi. Todo eran posiblidades. Me precipité entonces a buscar las cosas. Quería ver la nueva morada llena cuanto antes. Y disfrutarla. Aprendí rápido dónde quedaba cada cosa, y supe enseguida qué lujos me podía permitir y qué otros seguirían pendientes para una tercera mudanza, en un futuro. Como un niño, disfrutaba de mis zapatos nuevos.
Pero al tiempo descubrí que faltaba algo. Los zapatos eran bonitos, y cómodos, pero echaba de menos los viejos. A lo mejor eran más duros, o estaban ya algo desgastados, pero les tenía mucho cariño. Y, además, cumplían bien su función.
Todo lo anterior no era más que para confirmar que este blog seguirá en pie. He estado el último mes planteandome cambiarlo de servidor, e incluso copié las entradas en un nuevo Los cristales rotos del desván en "Wordpress", pero no era lo mismo. Así que habrá que dedicar el segundo blog a otra cosa. Éste seguirá como siempre.

sábado, 4 de noviembre de 2006

Cuando creí que no me entenderías


¿Qué hace falta para subir una cuesta? En primer lugar un camino, una vía por la que poder acceder a la cima. En segundo, material para hacer frente a la pendiente, ya sea sólo paciencia o cuerdas y arneses. En tercer lugar, una condición o estado fisico óptimo: a mayor dificultad de subida más habilidad hace falta.
Pero he dejado para el final el que considero el factor más importante: la esperanza. No se sube si se sabe que no se va a poder. Si se intenta, es porque, aunque el camino no esté muy claro, el material no sea el mejor, o la condición no sea la adecuada, existe un punto de esperanza, más o menos cuerda, de llegar a la cima. Este punto es aplicable a todas las cuestas de la vida, no sólo las físicas.

Las cuerdas que atan al galgo


Pienso de vez en cuando que la mejor medicina es el descanso. Pero, ¿descanso de qué? Si trabajamos toda la mañana, querremos no hacer nada por la tarde. Si madrugamos todos los días, desearemos dormir más el fin de semana. Si llevamos once meses en una misma ciudad, intentaremos escaparnos, aunque sea solo un par de días, a algún sitio en donde desaparecer. Pero, ¿y si llevamos todo el día parados con la pierna escayolada? ¿Y si viajamos cada semana y lo único que deseamos es pasar más de dos meses en un mismo sitio? ¿Nos levantaríamos todos los días a la hora de comer por no tener obligaciones por la mañana?
El descanso no es universal, y, como tantas otras cosas, depende del individuo. Más concretamente depende de las actividades que realiza cada uno, de sus rutinas, hábitos y obligaciones. De aquello que no nos podemos librar y de lo que no nos permiten librarnos. De eso necesitamos descanso, evasión.
Y no sólo hablo de actividades físicas. Nuestra cabeza no puede estar sometida constantemente a las mismas torturas. Necesita aire, y necesita cambio. Probar cosas nuevas, o recordar algunas olvidadas, para no oxidarse y limitarse a uno o dos movimientos. Somos libres; no nos pongamos trabas sin sentido.

miércoles, 11 de octubre de 2006

Fugacidad y demás trayectos


La nobles tierras austríacas esconden sus propias bellezas, pero algo nuestro guardan. Así, mientras ellos cuidan de joyas españolas, supongo que nosotros tendremos algo suyo. Y es que, en el fondo, nada es sólo lo que era en origen, sino lo que ha ido bebiendo por el camino. Todo lo que nos cruzamos nos aporta, en mayor o menor medida, pero nos configura. Nada es igual que hace un minuto, porque nada es ajeno al tiempo. Y el tiempo implica acción y decisión. Conlleva que no es sólo una razón la que actua, sino que está rodeada de razones y elementos que se desplazan según un desarrollo lineal de la historia. Sólo nos queda aprender de lo que venga, y esperar a que lo que se haya ido vuelva.

P.S. Cuídate Fer

miércoles, 26 de julio de 2006

Por favor


PARA LOS HOMBRES
Las mujeres, en general, resultan de por sí bonitas. Unas más, otras menos, pero siempre bonitas. Pero ¿cuál es el complemento perfecto de una mujer? ¿Un bolso?, ¿una cazadora?, ¿un pañuelo?,... Se pueden decir mil y una cosas, pero si se quiere acertar seguro, la respuesta es única. Básicamente, sólo conozco una cosa que le siente bien a todas las mujeres, y es una sonrisa. O ¿acaso no agrada ver a una mujer contenta, feliz, y además demostrándolo?

PARA LAS MUJERES
Seguid sonriendo, por favor.

En otro orden de cosas, el otro día un amigo insinuaba que, con las "modelos" que fotografío, cualquiera lo haría bien. Tiene razón.

martes, 4 de julio de 2006

Querida fotógrafa


¿Y ahora que te digo yo, rubia? Tanto amenazarte con que te iba a sacar aquí, y soy yo el que se ha quedado sin qué poner. Las vueltas que da la vida... Mientras tanto, intento acordarme de los trucos de concentración e inspiración que he ido oyendo a lo largo de mi vida estudiantil, pero sigo sin resultados. Aun así, tal y como una vez le dijeron a Violante, ahí está la primera parte.
Ahora en serio, a lo tonto, y con un poco de paciencia, casi todo sale. Aunque si que es cierto que muchas veces nos obcecamos y, como yo hoy, pasamos demasiado tiempo buscando la puerta de emergencia cuando tenemos la escalera de icendios delante de nuestras narices. Lo que ya tiene pecado es cuando, aun sabiendo donde esta la susodicha escalera, nos empeñamos en seguir con nuestra busqueda. Hasta que ,al final, se nos hace demasiado tarde.

lunes, 3 de julio de 2006

Dulce rencor


Morfeo, querido amigo, ¿qué tienes que me das tanta envidia? Porque cuando te veo trabajar pienso: "que pena que ahora estés ocupado". Y es que, lo que daría ahora por protagonizar una foto parecida: desconectado de todos, en mi propio mundo, sin más preocupación que la que me imponga el viento, mientras me mece suavemente. Y es que, Morfeo, amigo mío, parece que sólo me quieres en la soledad de las noches oscuras, en el término de los días y en las madrugadas de largas fiestas. Sí, me utilizas. Me obligas a caer en tus brazos cuando mi cuerpo está débil. Pero cuando quiero disfrutar de tu compañía, por ejemplo en una tarde de verano, decides abandonarme, despreciarme, y a cambio persigues a los que me rodean. Y cuando los cojes, a ellos si que los haces disfrutar, sonreir, relajarse. Mientras tanto yo me sigo levantando de tu regazo legañoso y destrozado cada mañana, esperando que algún día me digas: "hoy te invito a mi siesta".

sábado, 10 de junio de 2006

Una vieja plaza con gente nueva


Bueno, seguimos con las preguntas. ¿Por qué remota razón después de un buen rato de agobios y nervios, de tembleques en la mano y pensamientos fugaces y fatalistas uno puede salir de allí dando brincos y con una sonrisa que no cabe en la cara? ¿Cómo una guitarra y unos amigos pueden hacer descargar tantísima adrenalina? ¿Qué tiene tocar en público que uno se queda tan agusto?
Supongo que a cada persona le pasará con cosas distintas: el fotografo después de tomar una instantánea de ensueño, el pintor al terminar una exposición, o el aficionado a las maquetas tras dar la capa final de barniz a una goleta del XVIII.
Por mucho que salga en la foto no soy músico, sino un simple guitarrista manazas. Pero por lo menos mis dedos me permiten juntarme con alguna buena gente y tocar, tocar, tocar. Desde el último directo sigo pensando en el siguiente, y cuando este llegue soñaré con los que queden por venir. Supongo que este post no sigue la linea de los anteriores, lo siento, pero tocaba decirlo. No sólo necesito un concierto ya, también necesitaba escribir esto. A quien lo lea, gracias por ello.

jueves, 8 de junio de 2006

Cerveza roja


¿Por qué las desgracias nunca vienen solas? ¿Por que nos fiamos de un tal Murphy (o de alguien que se llame como él) cuando defiende que si algo va mal seguro que irá peor? ¿Nos hemos vuelto pesimistas en exceso? ¿O acaso hemos abrazado por fin el realismo?
Creo que he planteado demasiadas preguntas para un solo post, así que me limitaré a comentar la foto. En ella vemos a un estudiante de segundo de publicidad de la UN (tranquilo Borja, que no voy a dar más datos) en actitud sonriente y dicharachera. Y todas sus fotos de aquel día siguen la misma linea: hombre pegado a una sonrisa. Pero, ¿que hubiese pasado de ponerse a llover en aquel momento? Nada. Bueno si, nuestro amigo se hubiese puesto a cubierto, pero hubiese seguido igual de alegre. De hecho, si alguien llega a mencionar aquel día el nombre Murphy, sólo le habría recordado el sabor de una rica cerveza tostada. Y es que lo bien o mal que vaya un día en conjunto muchas veces depende del humor con el que se haya levantado uno esa mañana.

miércoles, 7 de junio de 2006

Grandes detalles


De soledad pasamos a imagen. Y es curioso que tengamos un verbo para oír y otro para escuchar, mientras que solamente vemos, o en su defecto apreciamos, atisbamos, oteamos, observamos... Pero ¿cómo expresamos lo que pasa frente a nosotros sin que nos demos cuenta? ¿Qué ocurre cuando nos quedamos sólo con la imagen global y omitimos o ni nos fijamos en los detalles?
Una imagen en sombra y focos: una figura silueteada por dos focos de fuerte luz sobre un manto de oscuridad. Así es como la gente tiende a ver hoy en día. Así es como, a veces, incluso los que nos oponemos a esta manera de apreciar la realidad nos dejamos llevar por la masa.
No pido que volvamos al medievo, en el que un sólo cuadro, o la portada de una catedral, contaban una historia con pelos y señales. No es eso. No quiero con esto tampoco defender que la fotografía tenga que tener más contenido, esto dependerá de lo que se pretenda hacer/decir con ella. Pero sí llamar la atención de esa falta de detalle, y de esa perdida del gusto por los pequeños gestos, por las imperfecciones y por las pequeñas cosas de cada uno. Quizá no sean tan pequeñas.

martes, 6 de junio de 2006

El caminante solitario


Siempre hablamos de la compañía, de la sociedad, y de las relaciones. Tiene su sentido, sobre todo para los que consideran al ser humano como ente enteramente social. Pero, ¿dónde quedan entonces esos ratos de soledad que todos necesitamos de vez en cuando? Nunca hablamos de ellos. Casi nadie dice: pues ayer estuve dando una vuelta pensando. Sólo gente que de verdad confía en tí te cuenta lo que piensa cuando está sola, más allá del problema gordo de turno. Si, te lo cuenta, pero a su manera. Y esto es hablando de forma natural acerca de los temas que habitualmente se guarda para sí mismo. Para todos ellos, gracias.

El día perfecto


Buenos días. O tardes. Da igual, ¡feliz día del fin del mundo! Bueno, como el 1 del 1 del 2000, como lo fue también el 1 del 1 del 2001, o como el 20 del 02 del 2002 a las 20:02 (20:02, 20/02/2002) . Bueno, visto que hoy, 6 del 6 del 6, de momento no ha pasado nada, me he animado a abrir este pequeño rincón, en el que todavía no se que pienso contar. Pero tranquilos, seguro que no se me ocurre nada interesante.